OPINIÓN: LAS NEFASTAS CONSECUENCIAS DE LA VIOLENCIA EN EL FÚTBOL

Por: Mario Alejandro Rodríguez (alhejo@periodistas.com)

El viernes pasado, el  Juzgado 36 Administrativo de la ciudad de Bogotá condenó al club Independiente Santa Fe y a la Policía Metropolitana por la muerte del joven Édinson Andrés Garzón, quien resultó muerto el 11 de mayo de 2005 en el partido celebrado en El Campin entre el elenco “cardenal” y el América de Cali,  debido a puñaladas propinadas por integrantes de una de las barras del equipo local.

El juez encargado del caso, encontró culpabilidad en el club bogotano ya que el según el argumento presentado el acusador (la familia de la victima) para tomar la transcendental decisión Santa Fe era el responsable del espectáculo  organizado ese día. Asimismo, la fuerza policial presente en el juego estaba destinada a velar por la seguridad  total de los asistentes al evento deportivo, algo que no aconteció.

Sin embargo, los autores materiales del hecho no tuvieron el castigo que se merecían, por lo cual la impunidad es la característica principal que se halla en este asesinato. Por tal motivo, los abogados de la familia de la victima buscaron hacer parte de reparación en esta determinación tomadas por este estrado administrador de justicia.

Pero esta “justicia”  implica castigar con indemnización económica a  los dos afectados por culpa de la actitud violenta y degradante de unos cuantos personajes que están llenando de sangre al balompié nacional como divertimento popular.

En este juego en particular cabe anotar que la reacción de los efectivos de la Policía fue tardía e ineficiente para detener las agresiones en la tribuna sur del estadio de los capitalinos, peleas que se prolongaron por más de 15 minutos sin recibir el tratamiento que se debía por parte de los uniformados. Tal vez esta demora si ameritaría la sanción monetaria a  la Metropolitana.

El problema aquí pasa por la falta de grandes elementos de judicialización de forma individual,  que  al parecer no existen (o si existen se quedan en el papel) y de la permisividad  legal con la que cuentan los menores de edad que hacen parte de desmanes e incidentes violentos para no ser procesados por las autoridades.

Acaso (refiriéndome al caso de Santa Fe como ejemplo que hay vigente), ¿Siempre  que en un escenario haya actos violentos el club dueño de casa deberá pagar las consecuencias normativas del mal proceder de unos desadaptados?…

Es más que complicado controlar los comportamientos de miles de personas y  fiscalizar a la vez quién puede ser un factor de agresión en una tribuna, por lo cual no se hace justo con las instituciones deportivas que han rechazado de tajo las vergonzosas demostraciones de “poderío” y de “imposición”. Caso aparte sería el de los dirigentes de escuadras que abiertamente han aceptado que apoyan a “barras bravas” y que salen a defenderlos cuando se ven en aprietos para cometer sus fechorías (es el caso de Juan Carlos López de Millonarios).

En Ibagué se han visto sinnúmero de hechos conflictivos entre barras; rivales y de la misma divisa que aparte  que por la falta de estas normas no han  tenido la importancia judicial que deberían tener.  Es cierto que ha faltado mano dura por parte de la policía, pero esto no quiere decir que tenga que hacerse cargo de responsabilidades ajenas.

El riesgo que corren todos los clubes profesionales de ahora en adelante es que si se presentan brotes, confrontaciones, heridos y demás sucesos lamentable tengan que ser los que paguen ante la ley; por las actuaciones de sus hinchas (caso Santa Fe) o por las de los demás vándalos que visiten sus plazas.

Sin duda es preocupante que se afecte el rentado nacional de esta manera por el comportamiento animal de los violentos que se dicen llamar “hinchas”.  Este es el primer golpe de opinión serio que debe a ponernos a pensar en cómo se debe hacer el castigo a los violentos en el fútbol; dirigido específicamente a los 18 clubes de la división A y el torneo de ascenso.

*Con la información de Caracol Noticias

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