Lecciones de la triste historia del Deportes Tolima

Tolima era un equipo de la media tabla para abajo, era el "tolimita". Hasta que, a comienzos de los 80s,  por el azar del destino, un señor desconocido pero con plata recibió en parte de pago en un negocio unas acciones de ese club.

O eran las acciones de ese club segundón o era una avioneta. Prefirió lo primero porque alcanzó a vislumbrar que con las primeras podía volar más alto: pasar del anonimato a la fama como han hecho tantos oscuros -y dudosos- personajes en nuestro país porque el fútbol es las pasión del pueblo y por lo tanto otorga gloria y reconocimiento. Y de ahí a la política no hay sino un fácil paso.
 
Y así fue. Compró buenos jugadores y montó un gran equipo, el Kokorico-Tolima que no fue campeón porque -lo sabríamos años después- esto era imposible con las maniobras de los mafiosos dirigentes del América. Todavía la gente recuerda a ese equipo de Sapuca, Victor Hugo del Río y Quintabani. Y desde luego el desconocido Camargo se convirtió en el senador Camargo, figura nacional.
 
Un día el senador se aburrió -o empezó a perder plata, esas verdades siempre serán esquivas a los hinchas comunes- y se retiró. El equipo volvió por lo mismo. O peor: cayó en la B. Compadecido -o nostágico porque ya los medios no se fijaban en él- volvió el senador y lo rescató. Persistió. Y fue recompensado: el equipo fue campeón con una nómina más modesta y prestada y un técnico viejo zorro: el fútbol se había puesto carísimo para el presupuesto colombiano. Tolima campeón, increible. Gracias a usted, senador. Pero la hinchada no es desagradecida: lo ovacionó en un estadio lleno. ¿Cuándo en su vida de negocios hubiera podido tener ese reconocimiento público? Como dice el tango: mano a mano hemos quedado, los favores recibidos creo habértelos pagado.
 
Volvió la realidad. Los jugadores prestados obviamente se encarecieron por el título. El senador empezó a hacer cuentas: no cuadraban. Afrontó la Copa Libertadores con una nómina modesta y así le fue. Y entró en el fatal círculo vicioso de un equipo de ciudad mediana en un país pobre para comprar jugadores de cartel: jugadores baratos, pobres resultados Administrando esa pobreza, se le apereció la virgen. El técnico de la casa, el técnico barato -Jorge Luis Bernal- con los jugadores baratos de reservas y unos cuantos reciclados de otros equipos resultó una maravilla. Subcampeón el 2006. Un equipo ofensivo, ganador y emocionante. Una rareza en el fútbol de cualquier parte del mundo. Lástima, el senador no supo administrar aquella bendición. Vinieron pésimos manejos, malas decisiones. La historia es conocida, no hay que repetirla. Ahora el senador sólo piensa en retirarse, en salvar su plata. La hinchada está huérfana y muy resentida. Triste el final de esta historia. De la gloria efímera al infierno.
 
Moraleja: no puede haber caudillos y salvadores negociantes en los equipos. El único camino, así sea lento y demorado, es construir verdaderos clubes democráticos. La Equidad es la prueba de que sí es posible. La dirigencia del Tolima tiene la palabra. Sólo se puede construir algo perdurable apelando a lo propio, al sentido de pertenencia. Ahí está Bernal, un hombre que de verdad ama al equipo y al que acaban de irrespetar. Los extraños son, como dijera Saint-John Perse, "gente de poco peso en la memoria de estos lugares".

Por Luis Fernando Afanador

 

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