¡DE NUEVO A PEDIR LIMOSNA!

Por: Mario Alejandro Rodríguez (alhejo@periodistas.com)

Nuevamente las alarmas se prenden en el Deportes Tolima. El mismo argumento desgastado pero al parecer cierto, el de la falta de dinero, tiene en jaque la viabilidad económica y deportiva del equipo representativo de la región, que en el último tiempo con un aceptable rendimiento ha sido manejado a total y entero placer por su presidente y máximo accionista, el señor Gabriel Camargo.

Desde hace algún tiempo al “vinotinto y oro” le han faltado verdaderos dolientes que se preocupen por su bienestar y su continuidad en el rentado nacional. Los hinchas, los mismos que no han hecho respetar su derecho de opinión con la asistencia masiva al Murillo Toro en los compromisos de local han tenido que escuchar de forma grosera y poco consecuente con el sentir de una ciudad las amenzantes declaraciones de Camargo respecto a su deseo de retirarse del equipo, o como aconteció al principio de este año de sacarlo de la escena nacional por falta de recursos. Muestra de ello son los más de mil millones de pesos de déficit que a la fecha tiene Tolima en cartera roja.

¿Y por qué este personaje tiene este privilegio? Pues sencillamente porque para nuestra DESGRACIA él ha sido el único (no se sabe si por egoísmo o por valentía) que se ha metido la mano al bolsillo para sostener al elenco musical. Por tal motivo, por simple ejercicio de su poder en el club ibaguereño “Don Gabriel” hace prácticamente lo que se le antoja en el mismo.

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El Ingreso y salida de jugadores extranjeros y nacionales, al igual que algunos D.T. sin previo análisis de rendimiento (como la salida Nicolás Ahyr y el sostenimiento inexplicable en la nómina de José Benjamín Cáceres; la exclusión del banquillo técnico de Néstor Otero en el 2001 y de Jorge Luis Bernal en el 2006 entre tantos otros inombrables), la cesión apresurada de derechos deportivos a los jugadores, la falta de un promedio de socios adecuado con VOZ y VOTO en el club y el relativo interés por la promoción de un mejor espectáculo deportivo para los aficionados son varios de los FACTORES que han hecho del Tolima un club DESORGANIZADO en sus decisiones administrativas y con grandes falencias en su estructura social.

Con ello no quiero decir que todo lo que ha realizado este personaje sea malo. A su favor, nada menos está el título del certamen profesional de 2003, con múltiples adversidades a su alrededor. Asimismo, la consecución nuevamente de la categoría A en 1994, luego de haber descendido un año antes a la división B; como también las cuatro participaciones en Copa Libertadores y una en Copa Sudamericana. No obstante, no es suficiente peso moral como para poder jugar con las ilusiones de los cerca de tres mil aficionados que fielmente acompañan al equipo en cada presentación y sin importar ninguna razón en contra.

Pero no toda la culpa de la lentitud y la parsimonia vivida dentro la escuadra tolimense es culpa de Camargo. El señor, de manera lógico quiso buscar como buen comerciante su “NEGOCIO”, el cual ha explotado y manipulado a cuestas de la espalda de los diversos empresarios del departamento que no se han interesado en hacer parte de este proyecto institucional. Los sectores económicos de Ibagué y el Tolima ABANDONARON a su suerte al equipo, y ahora de forma digna pretenden que ese papel que entregaron por desidia les sea devuelto.

Desde el mes de septiembre los quejidos de un pastorcito mentiroso se oyen desde Cádiz y sus alrededores. Ahora la pregunta que no tendrá respuesta es: ¿Quién hará caso está vez a estos sollozos de mitómano? Lamentablemente, nos acostumbramos a depender de una sola persona, con poderes mesiánicos, siendo el garrafal error de un club prestigioso.

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