ESTOY ESPERANDO UN MILAGRO DE DIOS

Mientras que la mayoría de jugadores del Deportes Tolima gozan por el buen momento que atraviesa el equipo, otros tienen que resignarse con no poder competir y ni siquiera trabajar en la parte de prácticas, como debe ser.

Este es el caso del lateral José Vicente Preciado, a quien una lesión lo tiene hace rato al margen de trabajos normales del conjunto ‘pijao’. Al parecer, una artrosis lo aqueja en una de sus rodillas y de una manera muy notoria a tal punto que si este problema degenerativo de los tejidos blandos continúa aumentando paulatinamente, sería el ocaso de su carrera como futbolista.

¿Cuál es el presente de José Vicente Preciado?

“Estamos trabajando en pro del fortalecimiento, sabiendo que la lesión que tengo es irreversible. En estos momentos no se ve la mejoría porque es una lesión que, prácticamente, está acabando con el hueso. Pero, igual, estamos trabajando y esperando que Dios haga el milagro para poder volver a jugar alguna vez”.

¿Qué le han dicho los médicos, caso particular el doctor Muñoz?

“Se han consultado varios ortopedistas y todos tiene el mismo diagnóstico: que la artrosis es una enfermedad irreversible y que, al contrario de mejorar cada día el cartílago, se deteriora más y por eso la rodilla se va acabando”. En un momento determinado se llegó a pensar que usted había quedado mal operado…

¿Qué tiene que decir al respecto?

“Por el contrario, las intervenciones han sido muy buenas. Es más, en estos momentos no presento problemas ni de meniscos, ni de ligamentos. El problema se presenta del impacto que sufre la rodilla al entrenar cuando hay impacto de ambos huesos, hablo del fémur y de la tibia”.

Pero a pesar de su situación, usted refleja un buen semblante en su rostro…

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“Es porque la alegría que he tenido siempre, no se me pueden perder. Las ganas de vivir tampoco se me pueden acabar, pero la tristeza que siento es de estar en el estadio y ver a mis compañeros jugar y uno no poder estar actuando. Ni siquiera en un entrenamiento poder trabajar de manera normal, sabiendo que uno tiene las capacidades y que en plenitud de condiciones se puede ser titular dentro del equipo, y no poder hacer eso es muy duro y triste. Es llegar a la casa y tener esa agonía que mi carrera como futbolista se está acabando por una lesión”.

Con todo esto la situación se acrecienta en cuanto a las preocupaciones, si se tiene en cuenta que su contrato laboral con Deportes Tolima va hasta junio de 2011…

“Sí, claro. Eso es más preocupante porque si Dios me permitiera volver a jugar, lo haría por muchos años más. Pero, igual, tengo que aterrizar un poco porque en un año no voy a tener contrato. Entonces, desde ya, tengo que mirar qué debo hacer”.

¿Ante esta situación, qué le manifiestan sus compañeros de grupo?

“Ellos también se ponen tristes (con voz entrecortada), porque al escucharme hablar también se acongojan. Ellos saben la clase de persona que soy. En dos años que hemos compartido me he ganado su cariño y conocen lo que yo les puedo aportar si estuviera bien. Ahora hay que esperar en el Señor Todopoderoso, porque los médicos pueden decir muchas cosas pero la fe está en que Dios todo lo puede. Si Dios levanto a un paralítico también puede hacer una obra en mi rodilla”.

¿La familia cómo lo ha rodeado en esta situación?

“Ellos también están sufriendo porque me conocen como jugador. Mi esposa, mi hijo y mi madre han sido fundamentales para no decaer. Ellos, constantemente, me dan ánimo. Si no puedo volver a jugar, espero hacer algo que mi hijo disfrute, que lo pueda educar y poder vivir con ellos de una manera buena”.

Desde el año 2008, José Vicente Preciado hace parte del Deportes Tolima. Desde el mismo instante de su llegada a la ciudad de Ibagué, encontró el entorno propicio para cumplir sus metas.

Con 30 años, este lateral zurdo ve cómo a poco se van diluyendo todas sus ilusiones deportivas debido a una lesión que, hasta el momento, no tiene reversa, pero que la esperanza de recuperarse y poder volver a jugar las mantiene intactas. Sólo, como él mismo lo dice, todo está en manos de Dios.

Por: Henry Arias Romero

Liga Postobón – Ibagué

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