El arquero Agustín Julio tendrá su gran oportunidad en la Selección Colombia: es ahora o nunca

En los dos primeros entrenamientos con el equipo en Rionegro, parece una fiera: grita a todos, va a cada balón a muerte y suda como si estuviera en una tarde cartagenera.

Esta es su preparación antes de los partidos amistosos contra Perú, en Lima el sábado, y contra Paraguay en Bogotá, la próxima semana.

Al final, suelta sus guantes empantanados y aparece la sonrisa, la de siempre que no lo abandona. Deja ver sus dientes blancos como la nieve y suelta la risa, chillona y estruendosa. Juega un poco con Luis Eduardo Niño (el entrenador de arqueros de la Selección) y coge un banano, un vaso con agua y una manzana. "Mi hermano, es para alimentarse", dice.


Termina la práctica de la Selección Colombia en Rionegro (oriente antioqueño) y Agustín Julio se ve tranquilo, como si esta no fuera, tal vez, la mejor oportunidad en sus 33 años de vida: ser, ahora o nunca, el titular en el arco de la Selección Colombia para las eliminatorias.


"Claro mi hermano. Es una gran oportunidad. Todavía no se puede dar por seguro pero ojalá", asegura con su tono cartagenero y su amabilidad de siempre.


Y es que esa oportunidad, la mejor de su vida, está cerquita. En cada atajada, en cada grito de gol ahogado por
sus manos y en cada vuelo de palo a palo aparecen retratados los casi 12 años de carrera futbolística de este arquero, nacido en las entrañas del Real Cartagena, que hoy aparece como el fijo para el arco de la Selección Colombia.


"Uno siempre se prepara para ser el primero. Yo quiero la titular, pero hermano, sino se da pues ojalá estemos en el partido ante Brasil, así sea de tercer arquero", asegura y le suelta una palmada, ojo de amistad, a Róbinson Zapata, su rival para el puesto pero uno de sus buenos amigos.


"No lo podemos olvidar. Viene también con ganas de aportar y de ser el titular. Es una lucha buena, con todo pero con el ánimo de ayudar a la Selección", agrega.


Seis equipos y una sola oportunidad


Agustín Julio no tenía la oportunidad tan cerca en  la Selección desde el 2001. Esa vez la tuvo dura: Óscar Córdoba, Miguel Calero y Farid Mondragón. Una especie de trinca caleña que le impidió, en uno de sus mejores momentos, llegar a siquiera oler el puesto de la Selección.


"Fue una etapa difícil donde se rotó el arco ‘caleño’. Ahora es una bonita oportunidad que un costeño esté de titular, con toda las ganas y el orgullo que debe sentir cualquier colombiano de tener la camiseta", dice un poco más serio y su mente vuela a 1995 cuando comenzó su carrera en Santa Fe.


En el ‘expreso rojo’ estuvo, entre el salvador de varias jornadas y el villano en otras, hasta el 2000 cuando sus atajadas se fueron a una tierra más conocida: Junior de Barranquilla.

Luego volvió a la fría capital al Santa Fe. De ahí sus reflejos felinos llegaron a Once Caldas, Medellín, de nuevo
Santa Fe y ahora en el Tolima, donde es uno de los pilares de la buena campaña del equipo pijao.

"Este es mi mejor año. La mentalidad está y esperemos que el tiempo, los dos amistosos que se viene y el trabajo den la confianza para llegar. Las cosas no son fáciles pero con amor y responsabilidad todo puede salir bien", asegura y la risa chillona vuelve a su rostro redondo cuando el entrenador Niño le busca juego.


"Estamos evaluando todas las posiciones. Julio es un buen elemento que lo hemos tenido siempre cerca", asegura el técnico patrio, Jorge Luis Pinto.


Por lo pronto, Agustín está tranquilo. El resto de semana será una lucha dura, de esas a las que está acostumbrado desde que pudo con el frío de Bogotá en sus inicios: "Voy a darla toda. Estoy listo y creo que llegó la hora", dice y se termina su banano, su manzana y su vaso con agua antes de encerrarse en la habitación a descansar.


Juan David Correa López
Corresponsal de EL TIEMPO
Medellín

 

TOMADO DE EL TIEMPO 

 

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