CUANDO LA TRAGEDIA TOCO DOS VECES LA PUERTA

Ahí estaba Cristian, tendido en esa especie de "silla-cama" de ruedas con sus ojos clavados en el pequeño televisor, esa cajita que en adelante le contará todos los acontecimientos de su amado Deportes Tolima.

Por GUILLERMO ALVAREZ B.
EL NUEVO DÍA
(Acord Tolima)

Y aunque sus ojos observaban las imágenes, su mente y sus pensamientos estaban con su hermano menor Juan David, aquel muchachito que ayer habría cumplido 13 años de edad y que perdió la vida arrollado por un camión el jueves de la semana pasada en la vía a Alvarado.
El calor era insoportable en la pequeña y humilde casa ubicada en el barrio Jardín Santander, donde el sudor y las lágrimas se mezclan con historias dolorosas como la muerte de dos vecinitas, las dos gemelitas ahogadas en Barranquilla en diciembre pasado.

Pero la vida sigue y aunque a veces las lecciones no se aprendan fácilmente, la esperanza nunca se pierde y por eso Milena, hermana mayor de Cristian y de Juan David, se animó a contar la doble tragedia de su familia, para aportar una enseñanza, para que quede algo para pensar y reflexionar.

Con mucho valor Milena empezó poco a poco a pronunciar sus palabras. Su mirada nunca se apartó del piso, pero su voz pronto se quebró por un llanto suave.
"Mi madre se llama Miriam Casilimas y trabaja desde las 4 de la madrugada en un puesto de comidas en la Plaza del Jardín, pero gana muy poquito. Mi padre vive en el Espinal. Éramos cuatro hermanas y dos varones, pero ahora quedamos cinco", inició su relato, mientras sus propios hijos y sobrinos revoloteaban como pequeñas mariposas de un lado a otro, por encima de los viejos muebles.

"Cristian tiene 16 años y Juan David cumplía 13 años este jueves (ayer). Ahora lo ve usted, el menor murió y Cristian no puede mover sus piernas ni sus brazos", agregó.

En efecto, Cristian Vásquez Casilimas fue uno de los hinchas ("guerreros") que quedaron heridos de aquel fatal accidente del 23 de abril del año pasado en la vía a Armenia, cerca a Calarcá.

Ese día, hacia las 11:45 de la mañana, un camión que transportaba cemento perdió los frenos y se volcó, matando a Yeimi Alexander Guzmán de 13 años de edad y a Víctor Alfonso Ticora, de 18. En total, 13 hinchas más del Deportes Tolima quedaron heridos, y uno más, Gabriel Hernando García, del Espinal, también moriría meses después de padecer una agonía que no pudo vencer.

Algunos de los heridos se recuperaron y otros, como Cristian, quedaron con graves consecuencias para toda su vida.

Desde ese día empezó el calvario para la familia Vásquez Casilimas porque Cristian permaneció varios meses internado en el Hospital Federico Lleras, con problemas respiratorios y sin movilidad en sus extremos. El seguro de la mula o camión que transportaba el cemento pagó algunos de los costos, hasta la silla de ruedas, pero quedó faltando mucho más para hacerle más digna su vida.

Pero lo que le sucedió a su hermano mayor poco asustó al pequeño Juan David. Por el contrario, su mismo amor por los colores vinotinto y oro del Deportes Tolima lo impulsó a seguir acompañando al equipo a otras plazas, con sus bolsillos vacíos y con su corazón lleno de ganas de gloria.

Juan David, aquel "pelao" rebelde que "no hacía caso", encontró la muerte como su hermano mayor halló su tragedia: Sobre el asfalto de una carretera, arrollado por un camión.
"Nosotros le decíamos que no fuera a esos partidos, le aconsejábamos que no fuera por allá, que viera el partido por televisión, pero ellos (Juan David y sus amigos) decían que no, que ellos tenían que ir a cantarle allá a los jugadores porque viéndolos a ellos jugaban mejor y se sentían mejor", afirmó Milena con amargura.

Y añadió: "Juan David no nos hacía caso. Buscamos ayuda en todos lados y sólo el Bienestar Familiar nos colaboró otorgándole un cupo en el Hogar del Niño de la Calle, pero él seguía viajando con sus amigos. Incluso estuvo en Cúcuta recientemente".
¿Qué pasó en realidad?

Lo que realmente sucedió el jueves de la semana anterior en la vía a Alvarado aún no se sabe a ciencia cierta.
Al parecer, el grupo de jóvenes hinchas tomó camino hacia Medellín, donde el domingo jugaban el DIM y el Deportes Tolima y como siempre, no tenían dinero, sólo sus trapos vinotinto y oro y sus cánticos "guerreros".
"La versión de los niños que iban con él es que Juan David se habría quedado dormido sobre la carpa de un camión y por la velocidad o una curva, se cayó, que salió volando y lo atropellaron. Hay muchas versiones, que cayó y que pasaron los carros por encima. No sabemos muy bien lo que sucedió", puntualizó Milena.
Y agregó: "Lo más duro es que los mismos amigos con los que iba lo dejaron morir solo porque no lo ayudaron. No fueron capaces ni siquiera de decir las cosas, de avisar que tenía familia aquí en Ibagué, lo dejaron solo para que pasara como un N.N. (un muerto sin identidad) y tal vez el remordimiento los hizo venir a decirle a mi mamá el fin de semana pasado".
"Ahora mi mamá se encuentra muy mal, destrozada porque Cristian y Juan David eran sus únicos hijos varones. El fútbol los acabó a los dos…".

Piden ayuda…
La doble tragedia de la familia Vásquez Casilimas es mucho más profunda. La invalidez de Cristian y la muerte de Juan David empeoraron una crítica situación que se venía agudizando desde hacía muchos años.
Claro, el tratamiento de Cristian es costoso, como las terapias que en adelante tendrá que recibir, pero también una probable operación o intervención quirúrgica para intentar "el milagro" de que pueda mover al menos sus brazos.
"Nosotros pedimos que nos ayude la gente que nos quiera colaborar. Nosotros le pedimos al Alcalde, pero dijo que no podía hacer nada. Yo hablé con el Alcalde para que me colaborara para la operación de mi hermano Cristian, que es muy costosa, porque nosotros tenemos la fe de que él pueda recuperar sus movimientos, al menos en la mitad del cuerpo", declaró Milena.
"Dicen que esa operación es experimental. Dicen que se hace únicamente en Estados Unidos o mejor en Cuba y dicen que vale 100 millones de pesos. Es muy duro, pero la plata no es todo, yo digo que la gente que tiene nos colabore, los doctores, que se pongan la mano en el corazón, la plata no es todo en la vida, pero sí salvarían una vida, le devolverían la mitad de la vida a un joven", agregó Milena mientras sus lágrimas descendían por su rostro.

Una tragedia más
ImageLa ternura de Milena no le permitía dejar escapar la rabia que con tanto dolor tenía oprimida en su pecho. Por el contrario, en sus momentos de calma, mientras volvía a aparecer el llano, su lucidez iluminaba la entrevista. Y pedía:
"También queremos que nos dejen trabajar. Mi mamá gana muy poquito en la plaza y yo soy vendedora ambulante en el centro pero la Policía no nos deja trabajar. Y tantas obligaciones que tenemos porque mis hermanas y yo tenemos nuestros hijos", declaró.
"Lo único que sé hacer son oficios varios, no tengo cartón, no tengo estudios, pero pido que nos colaboren, por favor, por lo menos a mi madre que sufre mucho y gana muy poquito".
"También quiero llamar la atención a la Policía, porque no nos deja trabajar como vendedores ambulantes, pero no puede ir por las carreteras para poner cuidado, para prohibir esos viajes de los niños sin permiso de sus casas".

Así es, el problema es mucho más profundo, pero llega a límites inaceptables cuando algunos miembros de la misma Policía le piden dinero a estos niños y jóvenes para permitirles seguir su camino.

"Yo les digo a los niños y jóvenes que no viajen así a acompañar al equipo. Les digo a los papitos que los ayuden cuando quieran viajar, si tienen forma porque uno no tiene la forma, porque a veces uno quisiera darles y decirles ‘vayan papitos’, vayan a todos lados y darles. Entiendan a sus papitos, ellos no lo hacen porque no pueden y porque es un peligro, así vayan en grupos", sentenció Milena con mucha sabiduría.

Odio y pasión
Y mientras Milena odia todo lo que tiene que ver con el fútbol, Cristian sigue amando a su Deportes Tolima
"Yo estoy muy dolida, pero Cristian ahí en la cama sigue queriendo a ese equipo, lo ama y dice que lo defiende a capa y espada, y que si pudiera seguiría viajando, pero yo le digo que no, que nos olvidemos de eso, que ya no más por favor. De aquí a mañana pueden ser mis propios hijos también y más y más, por favor, deténganse, les pido a los hinchas que paren", afirma la hermana mayor.
Y agregó: "Pero ellos dicen que a la hora de morir lo quisieran hacer ‘guerreando’ (*), siguiendo a su Tolima, viendo a los futbolistas después de un partido, pero para qué, si los futbolistas mantienen tan ocupados que no les queda tiempo de visitar a Cristian".
"Aquí en la casa nunca lo visitaron. Lo visitaron en el hospital y recogieron un dinero para un aparato. Los de la barra hicieron una recolecta, pero no nos entregaron nada", concluyó.
Así pasó el tiempo. El calor y el sudor se hicieron entonces soportables. Al fin y al cabo las tragedias de esa humilde familia eran mucho más graves. Los niños se calmaron: Aquellas pequeñas mariposas dejaron de revolotear.
Y Cristian siguió con sus ojos clavados en esa cajita mágica que daba las noticias e imágenes de su amado Deportes Tolima, pero con la mente y sus pensamientos puestos en su hermano menor, el pequeño Juan David.
Un "guerrero" se había ido y otro quedaba tendido en el campo de batalla para el resto de su vida. Pero la "guerra" no ha terminado: ¡Al fin y al cabo la búsqueda de la gloria no tiene fin!

(*) "Guerrear": Así llaman los hinchas y aficionados a viajar sin dinero por las carreteras colgados o montados en caminos o en "auto-stop".

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