CAMARGO, ¡QUE MALA MEMORIA!

Por: Mario Alejandro Rodríguez (alhejo@periodistas.com)

Luego de la polémica desatada por la pésima actuación del árbitro central Sebastián Valencia en el partido Once Caldas – Boyacá Chicó, al sancionar una pena máxima inexistente sobre el jugador Ariel Carreño, que le daría a la postre la victoria  local por dos goles a uno,  las reacciones de toda índole y calibre no se hicieron esperar. Entre ellas las  declaraciones desacertadas del ex senador Gabriel Camargo, Máximo accionista del club Deportes Tolima, que se refirió sin gran apoyo al comportamiento airado de su colega Eduardo Pimentel.

El dirigente tolimense, que en término despectivo a Pimentel consideró el domingo anterior que “no ha que pararle bolas a esas pataletas”, hizo caso omiso a la situación vivida por el Boyacá Chicó. “Si bien los jueces se han equivocado, sus actuaciones en términos generales han sido buenas”, puntualizó Camargo con su tradicional tono aguardientero.

Lo grave del asunto es que Camargo, al igual que los que dicen que es mero “show” lo del empresario bogotano al decir que no saca al  equipo para la próxima fecha, se mofan de la situación cuando el Tolima también en ocasiones anteriores ha sido víctima de primer orden de los funestos arbitrajes.

La poca memoria y la intención  de velar sólo por los intereses propios y no colectivos hacen que dejemos a un lado las situaciones acontecidas con los “vecinos”, de las cuales el cuadro “musical” por fortuna no se ha visto afectado directamente este semestre.

Alguna vez un árbitro llamado Felipe Russi en los noventa se encargó de “meterle la mano” al  entonces “Tolimita”. Fueron recordados sus arbitrajes en contra del equipo de Ibagué, por ser favorable a los “grandes”. En esa época se protestaba como “chico” o mejor “Chicó” en pro de obtener un buen referato.

Es de recalcar por otro lado,  la importancia de que a la gente no se le olvide que al club “pijao” lo sacaron de la disputa de la gran final del Finalización 2004 por un mal silbato. En esa oportunidad la omisión de una pena máxima sobre Iván “Champeta” Velásquez a favor del “vinotinto” en la ciudad de Medellín frente al Atlético Nacional,  por el central Henry Cervantes en plenos cuadrangulares,  le quitó la opción al equipo ibaguereño de seguir en disputa por el titulo de ese año.

Las protestas de la directiva del D.T. esa jornada  fueron vehementes, aunque hay que reconocerlo faltas de grosería. ¿Quién apoyo al Tolima en esa ocasión? Pues nadie, ningún club salió a defender pese a la gran perdida económica del Club si se hubiese tenido otro resultado en la “capital de la montaña”.

Además, casi de la misma forma ocurrió en la fase semifinal del año 2006, en el primer semestre. Deportivo Cali y Deportes Tolima disputaban un cupo a la final del campeonato,  y con la victoria el “pijao” seguía con opción de llegar a al partido crucial.

No obstante, cuando el marcador estaba 2 – 1 a favor de la visita en el Pascual Guerrero un gol en fuera de lugar de Blas Pérez fue convalidado a favor del “verdiblanco”, lo que desencadenó en la fuerte reacción del calmado técnico Jorge Luis Bernal, quien amenazó con retirar el equipo del campo. Como consecuencia las ilusiones de un grupo fueron hechas trizas por un central que validó un gol que dio un destino distinto a las “semis” de junio de ese periodo.

Asimismo en el fichero cabe el partido Tolima – Nacional de las semifinales del segundo semestre de 2006, el 25 de noviembre, cuando en Ibagué el representativo de la región venció uno a cero al verde de Antioquia.  Sin embargo, al Tolima le fueron anulados dos tantos por supuesto fuera de lugar de César Rivas, cuando quedó demostrado que eran jugadas legítimamente constituidas.  ¿Qué hubiera sido del central si ese partido termina igualado?…  la verdad no quiero imaginarlo.

 A su vez,  aparecen en el  baúl de los recuerdos claro penal en plena final del  Copa Mustang 2 de ese mismo año en la ciudad de Cúcuta entre el equipo “motilón” y el Tolima a favor del “vinotinto y oro”, cuando Erwin Maturana fue derribado en el área al minuto 34 de la complementaria ante la complacencia del central Alberto Duque. Esa jugada hubiera podido dar otra versión al cotejo, y la ventaja de un empate a la escuadra de la tierra firme.

En esa ocasión tampoco nadie dijo nada, ni siquiera la dirigencia del club, la cual con la ilusión de quien quiere salir primero esperaba remontar el marcador adverso en casa. El cotejo del 17 de diciembre de 2006 fue el que finalmente definió el campeón de esa temporada.

Como si no sirvieran de ejemplo ilustrativo estas anécdotas basta con recordar también aquella jugada en el encuentro Tolima – Santa Fe del Apertura 2007, donde el juez Jorge Hernán Hoyos “influyó” en el marcador, al decretar una presunta pena máxima de Agustín julio sobre un delantero “cardenal” a un metro del área chica.

La jugada vista por todo el país, debido a que se definía los ocho finalistas de ese certamen, fue erróneamente mantenida por el central al saber que era ilegal, y de paso, como colmo de los males, excluyó al entonces portero tolimense por la infracción por ser el “último hombre”.  Ese día Santa Fe con cobro de Marrugo clasificó a la semifinal, dejando a Bucaramanga eliminado con este resultado en la ciudad de Cali.

Eso sin contar las jugadas “normales” que no son tan definitorias y decisivas, de acuerdo al partido y la fase en que se desarrolla.  Un penalti que no fue,  cobrado por Mauricio Romero en 2006, en la derrota del Tolima 2 -1 en Armenia ante el Deportes Quindío es una  pequeña muestra de ellas.

Lamentablemente se nos olvidan las cosas con el tiempo, y nos acordamos de sacarlas nuevamente a relucir cuando se ven afectados nuestros negocios o ideales. Que al señor Camargo no se le olvide que muchas veces tuvo que pelear ante un “Gigante”, y que sus reiterativas “pataletas” también fueron negadas.  Es hora de que los clubes se unan en torno a una causa; un mejor arbitraje y un fútbol profesional sin artimañas ni trucos.

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